Corría el año 92 y yo era una pendeja de seis años que cursaba primero de EGB en un colegio público de un pueblo murciano, los detalles sobran. No me acuerdo si era lunes o viernes, ni si era marzo o septiembre, pero era un día muy especial, por lo visto, porque me llevaron a rezar.
Pero las “seños” no sabían que yo no sabía nada. En mi vida no sabía de bautizos, ni iglesias, ni catequesis, ni misas, ni rezos, ni concesiones. Sabía que existía un tal Jesús, un dios o varios (dependiendo del lugar), un tal buda, uno muy flaco que se llamaba Ghandi y uno muy peludo al que llamaban pelusa o Maradona. Pero ya ven, todo de oídas…
La seño Lola nos sacó de la clase y nos hizo poner a todos en fila de dos en dos, así, agarraditos de la mano. Y así, en fila, y bien cogiditos nos llevó hasta una habitación donde una señora de cartón brillante y repintada , vestida con un mantón recargado de dorados, acunaba un bebé que parecía hermano de la barriguitas. Ambos estaban metidos en una especie de trono hecho de flores de todos los colores del cual salían rayos dorados (de mentira) formando un arco alrededor de la cabeza de la señora de cejas perfiladas a compás.
En la habitación se habían juntado todos los niños del colegio desde los más chiquitos (con olor a pis y plastilina) hasta los más grandes (olor a chivo y cigarros a escondidas) congregados alrededor de la señora brillantosa y la barriguitas.
Y en medio de aquel chiverío estaba la seño Asun y sus gafas de culo vaso, más pesadas que ella misma, ambas sentadas ante el piano, mirándonos con ojos de saltamonte, mitad odio mitad nosequé.
La seño Lola revoloteaba en medio del gentío con su pelo oxigenado, sus uñas de plástico rojas, su bigotillo sudoroso, y su culo kilométrico suavemente insinuado bajo la bata de cuadros color rosita bebé…
ssssssssssss callaos ssssssssssss callaos!!!!
Silencio de colegio postfranquista,
es decir,
silencio plagado de murmullos y risitas, empujones, pataditas, pedorretas de mentira y pedillos de verdad, ambiente sudoroso, bien cargante, inaguantable…
Bien muy bien, ahora vamos a rezar!
Levanto la mano
¿A quién? ¿A cuál de los dos muñecos?
Risa general. Mirada asesina de la seño Asun. Silencio.
La seño Lola mantuvo el tiempo suficiente la boca tan abierta que le pude ver un empaste negro en el premolar derecho maxilar, como un secreto escondido en la profundidad de los mares.
Fueron unas milésimas de segundo que para mí se paralizaron transformándose en un espacio de tiempo inmedible. Me sentí tan observada, tan incómoda, que decidí apartar la mirada del empaste de doña Lola.
Fijé mis ojos en la pared verde hospital.
De ella colgaba una cruz con un señor salvajemente clavado a ella, con una eterna mueca de desesperación y una corona de espinas arañando profundamente la carne de su frente, de sus manos, de sus pies, de los arañazos de su cuerpo, brotaba sangre, demasiada sangre…
A su lado, los reyes Doña Sofía, con cara de sapo, y Don Juan Carlos, con cara de subnormal, miraban con indiferencia hacia la nada desde un marco cargado de dorados rococós. Debajo de ellos un rastro de mocos yacían ya secos pegados a la pared.
Y más abajo, en el suelo, dos velones rojos hacían tililar sus llamas a plena luz de mediodía.
Unos gritos rompieron mi ensimismamiento
¡¿A quién va a ser?! ¡¡¡A la virgen y al señor!!!
Volví a mirar el conjunto de cartón para entender lo que me gritaba Doña Lola entre salivazos de energúmena, mientras me preguntaba ¿qué carajo era una “virgen”? Y entonces no pude evitar no abrir la boca
Pero seño, aquí no hay ninguna “virgen” ni ningún “señor”, lo que veo es una señora con un bebé.
Por dentro mío no podía creer lo tontos eran… ¡Anda que llamar “señor” a un bebé! ¡Qué mal que estaba la gente!
Pero lo que no sabía es que mi respuesta causara tanto alboroto…
¡¡¡Dios mío!!! ¡¡¡Qué cosas dice la cría esta!!!
Más y más exclamaciones
En ese momento intervino Doña Asun con su mala leche contenida.
Déjala Lola, es que no entiende, no es muy avispá la cria... Mira nena, este crío que ves aquí es ese que ahí ves en la cruz. ¿Lo ves bien? Lo que pasa que aquí era pequeño, y ahí está cuando era mayor ¿Lo entiendes? Lo llamamos “el señor” aunque sea un bebé aquí porque el señor es Dios.
Entonces si es Dios ¿por qué no lo llaman Dios y punto? Señor puede ser cualquiera pero dios no… ¿no crees?
No nenica, las cosas son así y punto, es el señor y ya está, no hay que darle más vueltas…
Es que si lo llamas señor me equivoco, y lo confundo con otro, porque el que está colgado ahí es clavadito, clavadito a uno que va al parque de al lado de mi casa que está tan enfermo tan enfermo que se tiene que pinchar el solo porque no le da tiempo a irse al hospital para que le curen, tiene la misma cara y el mismo pelo y…
Plafff!!!!!
Mi primera guantada escolar
Mi primer castigo contra la pared…
La primera vez sin recreo…
La única mesa solitaria en el aula…
La primera hereje de primero de primaria…
…Corría el año 1992 en un colegio público español “laico”.


















Con el que menos, Cédric Tanguy, pero sus grandes composiones me inspiraron en parte para mi propuesta.
Graciela Iturbide es la que tiene menos que ver con mi proyecto , pero la incluí porque desde siempre me ha impactado la gran fuerza visual de sus fotografías, de los artistas de referencia es la única que no manipula sus fotografía.
A Grete Stern la incluí , porque creo que en todo trabajo de documentación para realizar una propuesta de fotomotaje fotográfico, tiene que estar ella, para mí es uno de los primeros ejemplos.
La obra de Yasumasa Morimura la conozco de hace poco, pero no deja nada indiferente, conceptualmente es un estilo a lo Cindy Sherman en japones pero agregándole mucho humor y descaro, además su técnica de fotomontaje es impecable.
Banksy no utiliza la fotografía pero juega con los elementos que me interesan para mi propuesta: reinversiona otras obras de arte. 